Gabriel García Márquez y el café, una relación eterna

A propósito del cumpleaños 91 del escritor colombiano Gabriel García Márquez recordamos su relación con el café, bebida que disfrutó y llevó a muchas de sus obras literarias.

Gabo, quien vivió mucho tiempo en Ciudad de México, era, como buen colombiano, devoto del café. Y se le veía en la librería El Péndulo, una de las más distinguidas de, país azteca, disfrutando de un capuchino. CNN cuenta que iba a este espacio, al menos, dos veces por mes.

Cuando radicaba en Venezuela, el colombiano acudía al Gran Café de Sabana Grande. Era fines de 1957. También tomaba café en la pastelería Normandí, cerca de la Torre de Prensa de la sede de la entonces cadena Capriles.

El café no solo estaba en su paladar. Estaba en sus obras. Animal Político recordó hace unos años las referencias que hizo el colombiano de esta bebida en sus novelas y cuentos.

“Entre las páginas de Cien años de soledad (1967), García Márquez hace alusión al café… sin azúcar, como lo preferían los miembros de la familia Buendía en todo momento. Al coronel Aureliano Buendía lo intentaron matar con un café que venía cargado con estricnina. ¿Lo recuerdan?

“El letrero que colgó en la cerviz de la vaca era una muestra ejemplar de la forma en que los habitantes de Macondo estaban dispuestas a luchar contra el olvido: Ésta es la vaca, hay que ordeñarla todas las mañanas para que produzca leche ya la leche hay que herviría para mezclarla con el café y hacer café con leche. Así continuaron viviendo en una realidad escurridiza, momentáneamente capturada por las palabras, pero que había de fugarse sin remedio cuando olvidaran los valores de la letra escrita.”

“A cualquier hora que entrara en el cuarto, Santa Sofía de la Piedad lo encontraba absorto en la lectura. Le llevaba al amanecer un tazón de café sin azúcar, y al mediodía un plato de arroz con tajadas de plátano fritas, que era lo único que se comía en la casa después de la muerte de Aureliano Segundo.”

En “Buen viaje, señor presidente” de los Doce Cuentos Peregrinos (1992) al ex presidente le prohíben comer carne, mariscos, tomar café, pero la inminencia de la muerte lo hace rendirse ante una taza de café “a la italiana, como para levantar a un muerto” y ante “una costilla de buey al carbón y una ensalada de legumbres””.

Un café en una fábrica abandonada en la zona portuaria de Río de Janeiro es también un homenaje a Gabo.  Se trata de la Fábrica Bhering, una tradicional factoría de golosinas y chocolates inaugurada en 1934  y que en 2007, tras dos décadas de abandono, fue ocupada por medio centenar de talleres de artistas y convertida en polo cultural.

Los seguidores del autor de ‘El amor en los tiempos del cólera’ se juntan desde el año pasado en este lugar para aproximarse a la cultura colombiana mediante degustaciones de sus comidas y de su café, y veladas con viejos vallenatos y cumbias.

La iniciativa también tiene como impulsores a ‘Gabo café’, una pequeña cafetería inaugurada en 2016 para homenajear al novelista de Aracataca.

 

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