Santa Chaupis: “El café me ha permitido dar el mejor regalo a mis hijos”

Foto: Fabiola Valle.

Santa Chaupis tiene las manos agrietadas, pero su sonrisa es una luz y sus palabras un testimonio de esfuerzo y dedicación. A los 50 años, acomodada en una banquita de madera, se alista para recorrer el campo, que está verde, húmedo por la lluvia de hace unas horas, y prometedor. Porque la tierra siempre promete, a veces falla, como cuando llegó la roya, y sin embargo Santa es agradecida. Esa tierra, ese verde, le ha dado en 18 años buen café, y el dinero ajustado para sacar adelante a sus tres hijos.

Foto: Nancy Onaga

“El café me ha permitido dar el mejor regalo a mis hijos”, dice Santa. Ese regalo es la educación, algo que ella y su esposo no tuvieron: “Nosotros fuimos huérfanos y no estudiamos. No queríamos un futuro así para nuestros hijos y por eso nos esforzamos. El mejor regalo ha sido darles educación”. El mayor de sus hijos es policía, el que sigue economista y el último, que la acompaña en las tareas del campo, estudia administración. El Fundo San Pedro está ubicado en el centro poblado Santa Rosa, de Alto Kiatari, Pangoa, Satipo. 

“Yo como mamá siento que he hecho lo que debía. Pero una madre siempre debe hacer más. Es diario. Todos los días dar el ejemplo, todos los días trabajar”, comenta Santa, una mujer que parece por momentos frágil, y que crece, y se hace inmensa, cuando sale a buscar los mejores frutos de su cafeto. En ese momento, es una mujer enérgica, observadora, tenaz, llena de fuerza y vitalidad.

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Santa Chaupis nos abre la puerta de su pequeña casa, anclada en lo alto de una montaña verde. Un gato se acomoda en la banquita, y las gallinas dan vuelta por todos lados ignorando al perro que ya se cansó de perseguirlas. Santa sabe que llegamos cansadas. Estas mujeres de la ciudad -nosotras las periodistas- no son como ella, no tienen la fortaleza y menos su aguante. Nos recibe con una sopa de gallo, y un jugo de guanábana de su cosecha. Pone sobre la mesa plátanos. Pregunta si estamos bien. Es una mamá todo el tiempo, incluso con las extrañas que hemos irrumpido en su hogar para acompañarla este día a ver su cosecha: café de variedad típica, caturra, bourbón y catimor.

Foto: Nancy Onaga

“Los cafetaleros hemos estado abandonados siempre. La verdad es que esto es duro, yo no soy de quejarme, yo soy de trabajar. El café apenas me ha alcanzado para educar a mis hijos y se lo debo todo a la tierra. Claro que se necesita más, una secadora solar para mejorar el proceso. No es cosa de quejarse y paralizarse. Hay que seguir”, dice Santa.

Foto: Nancy Onaga

Es parte de la Asociación de Productores Sumaq Café Ecológico. 

Los caficultores de esta asociación han recibido capacitación en cosecha y post cosecha gracias a la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas (DEVIDA). Santa ve con esperanza el futuro.

Foto: Fabiola Valle

“El café peruano es bueno, y ahora que hay más interés, yo creo que tenemos una oportunidad. Debemos seguir trabajando”. No hay día en el que no tome su cafecito. Es energía pura, es vida.

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